"Geometrías de la mirada"
LUKAS ULMI
SET ESPAI D'ARTPlaza Miracle del mocadoret 4 46001 Valencia![]() +34 963 920 024 e-mail: |
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6 de mayo > 30 de junio de 2016

Casi tres años después de su anterior exposición en la galería SET ESPAI D'ART, LUKAS ULMI (Lucerna, Suiza, 1958) regresa al mismo espacio para mostrar su trabajo más reciente bajo el título "Geometrías de la mirada", elocuente descripción de su obra que toma prestada de unas palabras del profesor Román de la Calle todavía inéditas.
La selección de piezas que presenta parte de lo que constituye el final de la serie "Laberintos Visuales" para adentrarse más aún en una reflexión sobre el cubo que, citando una de las claves analíticas de la escultura en hierro de Julio González, se dibuja en el espacio. Siendo más concretos: el cubo se establece como una posibilidad desdibujada y trazada con finas varillas de hierro que aparece sólo en un punto o se convierte en realidad sólo a modo de sombra dibujada en la pared. Ese juego que fundamentaba la serie "Laberintos Visuales" y que ya esgrimía el cuadrado como motivo central, se redobla ahora en estas nuevas esculturas donde la participación del espectador, lo cinético y el efecto visual y lumínico -característico todo ello en la trayectoria de Ulmi- son todavía definitorias.
La importancia de la forma para el escultor se relaciona con el comportamiento de ésta en el espacio, en un diálogo que trata de forzar la cisión compuesta de nuestra mirada para obligarnos a buscar -a fijar- un punto de vista específico desde el cual todas las líneas de una aparente figura imposible que se aleja de sus orígenes cuadrangulares se ordenan hasta construir las aristas de uno o varios cubos combinados. Así, el espectador debe ir tanteando cada escultura hasta dar con la figura, diferente siempre en cada composición.
En alguna de las piezas, ese juego se ayuda con la incorporación de un foco de luz externo que proyecta el dibujo de sombra de las finas varillas sobre el muro, evidenciando así el punto de mira certero desde el cual se construye el contorno de los volúmenes imaginados. Podemos señalar que se trata de un doble ejercicio escultórico: por un lado, el establecimiento de una geometría espacial aparentemente caótica y, por el otro, su arreglo y ajuste estructural en un punto dado o en su proyección como imagen dibujada, perfecta.
Ampliando el estudio del cubo -quizás siguiendo las huellas de Jorge Oteiza- parte de las estructuras, colgadas del techo, incorporan un pequeño motor que las hace girar lentamente para que se compongan y descompongan mágicamente su juego de formas sin fin persiguiendo, en su ligereza, elevar al cubo unos cuadrados desdibujados aunque sea por un instante, aunque sea levemente, convirtiéndose a los ojos del escultor en personajes que, a modo de mínima performance objetual, asumen su propio conflicto interno, formal, en la geometría de la mirada.
Ricardo Forriols
La importancia de la forma para el escultor se relaciona con el comportamiento de ésta en el espacio, en un diálogo que trata de forzar la cisión compuesta de nuestra mirada para obligarnos a buscar -a fijar- un punto de vista específico desde el cual todas las líneas de una aparente figura imposible que se aleja de sus orígenes cuadrangulares se ordenan hasta construir las aristas de uno o varios cubos combinados. Así, el espectador debe ir tanteando cada escultura hasta dar con la figura, diferente siempre en cada composición.
En alguna de las piezas, ese juego se ayuda con la incorporación de un foco de luz externo que proyecta el dibujo de sombra de las finas varillas sobre el muro, evidenciando así el punto de mira certero desde el cual se construye el contorno de los volúmenes imaginados. Podemos señalar que se trata de un doble ejercicio escultórico: por un lado, el establecimiento de una geometría espacial aparentemente caótica y, por el otro, su arreglo y ajuste estructural en un punto dado o en su proyección como imagen dibujada, perfecta.
Ampliando el estudio del cubo -quizás siguiendo las huellas de Jorge Oteiza- parte de las estructuras, colgadas del techo, incorporan un pequeño motor que las hace girar lentamente para que se compongan y descompongan mágicamente su juego de formas sin fin persiguiendo, en su ligereza, elevar al cubo unos cuadrados desdibujados aunque sea por un instante, aunque sea levemente, convirtiéndose a los ojos del escultor en personajes que, a modo de mínima performance objetual, asumen su propio conflicto interno, formal, en la geometría de la mirada.
Ricardo Forriols
Inauguración :
viernes 6 de mayo a las 20:00h.
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